domingo, 15 de septiembre de 2019

FUTURABILIDAD - Franco "Bifo" Berardi

Futurabilidad.
(La era de la impotencia y el horizonte de la posibilidad)
Caja Negra. 2019. 256 páginas.

El último libro de Franco Berardi, Futurabilidad, resulta seductor desde el primer momento por la promesa de escribir “acerca del proceso de devenir otro”. Un arranque que resulta valiente y casi temerario. De este modo, Futurabilidad se presenta como una propuesta de “cura” o cuidado de sí frente a la epidemia de depresión que nos consume y como una exhortación para retomar un proyecto utópico o un mito colectivo. Teniendo en cuenta la desoladora situación en la que nos encontramos, Berardi no se marca como tarea hacernos “creer” en un ideal concreto de transformación, sino que nos explica la urgente necesidad de hacer emerger en el imaginario personal y colectivo la posibilidad de esa transformación. Él mismo escribe que tras varios libros de reflexión pesimista consideraba necesario plantear una salida realista a la crisis económica y existencial que sufrimos. Y lo cierto es que sus libros anteriores habían dejado un poso sumamente amargo al realizar un análisis del proceso de descomposición social, pero, sobre todo, del cambio traumático y, en apariencia, irreversible en la conciencia humana individual.

En Fenomenología del fin, Berardi se detenía en el análisis de los automatismos cognitivos que han alterado fundamentalmente la forma de aprehender la realidad por parte del sujeto, reconfigurando la percepción del propio cuerpo y la relación con el mundo y los demás. Las personas nos hemos convertido en mónadas sonrientes anestesiadas por los ansiolíticos e hiper-estimuladas por los dispositivos tecnológicos. Berardi señala cómo las condiciones de vida se han vuelto esencialmente patológicas analizando el caso paradigmático de Corea del Sur y estableciendo una correlación entre el índice de suicidios del país con su hiperconectividad. Y, en este sentido, poco importa si la relación entre ambos fenómenos es más simbólica que científica o estadística, porque resulta perfectamente creíble desde el momento en que el sufrimiento se experimenta insidiosamente en la vida cotidiana. Además, Berardi indica cómo tampoco se puede apelar a la ética o la responsabilidad para frenar el proceso de descomposición social, no porque los valores se hayan perdido, sino por algo más básico, porque la imaginación y, en consecuencia, la empatía han desaparecido. De modo que, obligados por la aceleración de los procesos y por la cantidad ingente de información que somos incapaces de procesar, nos limitamos a tomar decisiones binarias emulando a las inteligencias artificiales. Se trata de un proceso de deshumanización o, mejor dicho, de desprecio y abandono de todo lo humano, que nos obliga a diluirnos en el funcionamiento de las inteligencias y entornos virtuales. Mientras tanto, intentamos adaptarnos mental y corporalmente a las nuevas necesidades generando una conciencia diferente tanto en el conocimiento del mundo, como en las relaciones o las acciones.

Al final de Fenomenología del fin, cuando el pesimismo roza lo apocalíptico, Berardi nos ofrece la posibilidad de una salida que podría considerarse trágica e irónica y que se encuentra en estado latente inserta en la carne de cada ser humano. Se trata de un camino habitualmente repudiado tanto por las corrientes de la filosofía más académica como por la militancia política al uso. Porque se hunde en lo irracional, lo poético, el inconsciente, …, es decir, en todo aquello que pertenece a la parte oculta e, incluso, maldita del ser humano. Lo que nos señala Berardi es sencillo: a pesar de vivir en una sociedad insomne, por poco de durmamos, nuestro deseo se desborda en los sueños. Porque el imaginario siempre rompe los límites del positivismo tecnológico y “el inconsciente humano es la carne y se caracteriza por la ambigüedad, la inconsecuencia y, lo más importante, por la muerte”. Se trataría de encontrar una salida poética y erótica a la angustia que nos produce el sabernos finitos. De modo que Berardi nos ofrece una lectura del deseo batailleano desde su naturaleza voluptuosa y creadora. Algo que le acerca, a pesar de no hacer mención en su obra, a algunas de las ideas fundamentales del surrealismo. Porque como señala el movimiento surrealista, la imaginación jamás perdona, tarde o temprano acaba rebelándose su naturaleza desbordante. La llamada de Breton a los filósofos durmientes resuena en las palabras de Berardi, igual que la noción de poesía o de imaginación está concretando en sus últimas obras. 


Futurabilidad continúa esa senda final, tratando de dejar a un lado las pasiones tristes que nos hace oscilar entre la euforia y la tristeza, y adentrándose en el mito político de lo posible. Hoy existen pocas palabras tan evocadoras poética, filosófica y políticamente como posibilidad. De esta forma, Berardi establece que recuperar el horizonte de posibilidad es la condición necesaria para superar la situación de impotencia y postración. En su uso de las herramientas de la fenomenología, la noción de Edmund Husserl de “horizonte de posibilidad” le permite a Berardi reivindicar el carácter excedente del conocimiento del mundo, es decir, cómo el imaginario se anticipa generando un sentido provisional de aquello que va a conocer y abriendo el ámbito de las posibilidades. Podríamos decir que este horizonte desencadena una expectativa y una motivación que juegan entre lo indeterminado, desconocido o sin sentido y lo determinado, previsto o con sentido. De este modo, Berardi coloca al imaginario en el punto de partida de nuestra aprehensión del mundo, como una forma de crear un sentido más poético que positivo con el que proyectar el deseo humano en lo real, permitiendo que surjan esas posibilidades que se fraguarán a través de la acción. Así es como el sujeto se siente impelido por lo que puede ser y adquiere la potencia necesaria para hacer que esa posibilidad efectivamente sea. Nada más que por esta formulación, que se encuentra en las primeras páginas, el libro merece una lectura, una relectura y un debate atento y pausado.  

Aun planteándose como un libro de carácter “propositivo”, en la primera parte Berardi se ve obligado a concretar los signos culturales actuales de la impotencia personal y política y cómo son consumidos masivamente colonizando el imaginario colectivo. Porque, como hemos indicado al inicio, Futurabilidad debe leerse como un manual de supervivencia que necesita señalar los peligros más acuciantes para mantenernos alerta: los dictadores macho-fascistas que se están asentando en el poder, la producción de violencia en la que está deviniendo el capitalismo mafioso, los productos culturales que cantan al darwinismo social y la impotencia y, como detallaba en su libro Héroes, las matanzas suicidas por motivos religiosos, racistas o nihilistas. A pesar de que algunas ideas y ejemplos aparecen ya en obras anteriores, la intencionalidad del discurso resulta más clara y concisa en esta ocasión. Porque con esta explicación Berardi nos conduce a la paradoja que debe afrontar el discurso crítico actual, que es el hecho de que su enfoque más apocalíptico ha “triunfado”. En consecuencia, ya no es necesario despertar las mentes, porque los jóvenes son agudamente conscientes de la ausencia de futuro. Sin embargo, la aceptación del relato crítico no ha empujado ni a la revolución ni a la desobediencia, sino que ha terminado con cualquier posibilidad de un imaginario emancipador. O, en el peor de los casos, se concreta en el nihilismo aterrador de quien asume que cuando no hay sentido, todo es arbitrario.

A partir de ahí, Berardi nos coloca ante la tarea imprescindible de crear un mito, una “narración acerca del presente y acerca de un futuro posible”. Defender el humanismo entendido como la libertad que “se abre a la conciencia, la imaginación y la construcción lingüística, en ausencia de todo fundamento ontológico”. Suponemos que Berardi es perfectamente consciente de lo descabellada o intempestiva que suena hoy su propuesta. Sin embargo, debemos aceptar que sólo en ese espacio vertiginoso en el que habita lo excedente, lo inútil y lo poético se puede dar la eclosión de ese horizonte de posibilidad. Justo en ese lugar que bordea la angustia de la muerte y la finitud. Por lo que Futurabilidad se convierte en una reivindicación necesaria que debería dar lugar la exploración de otros caminos políticos más ambiguos, pero más ricos y arriesgados. Como expone Berardi, para sobreponernos a la fascinación que despierta el abismo del fin necesitamos una disposición afectiva irónica o alegre. Y para alcanzarla, es imprescindible antes que nada retomar el lenguaje “cara a cara”, ese que se despliega frente al otro, cuando su cuerpo y su rostro están presentes. Ese horizonte de posibilidad necesita del cuerpo, de la sinestesia, del tacto de la piel y la propiocepción, para comprendernos como criaturas animales cuya mente se alimenta en la exterioridad del mundo y del otro. De ahí que en Fenomenología del fin Berardi describa la dialéctica de la existencia humana con las siguientes palabras: “la piel alimenta el cerebro con percepciones del mundo y, a cambio, este suministra a la piel de sensitividad, inclinaciones estéticas y tendencias: deseo. El deseo no es la necesidad de algo, sino la creación sensible del mundo en tanto entorno cargado de sentido estético”. Lo único que tenemos que hacer es cerrar los ojos y abandonarnos a ese deseo que no es una carencia, sino una potencia capaz de despertar a la imaginación productiva.

Reseña de María Santana

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