Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Gabaldón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Gabaldón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de marzo de 2013

LA CANCIÓN DE KALI - Dan Simmons


Publicado originalmente en inglés en 1985 
Editado en castellano en 1993 (Ediciones B)
Traducción: Rosalía Vázquez

Sinopsis.

        El canto de la diosa Kali produce el sonido de la muerte. Un periodista sostiene que su culto no ha desaparecido aún en nuestro moderno mundo tecnológico y está dispuesto a comprobar sus afirmaciones. Nada le resultará sencillo, y lo que empezó como un trabajo rutinario se convertirá en una pesadilla en la que el protagonista sólo escucha mentiras y choca contra el muro de la indiferencia oficial cuando acude a las autoridades en busca de ayuda.

Comentario del libro.


Para los aficionados a la ciencia-ficción, Dan Simmons no necesita presentación: autor de la saga Hyperion, su contribución al género le ha asegurado un puesto de privilegio capaz de rivalizar actualmente con las Fundaciones de Asimov o los Dune de Herbert. Sin embargo, resulta curioso que muchos de sus seguidores parecen ignorar (e incluso menospreciar) que es en el terror donde Simmons ha concentrado la mayor parte de su producción literaria. Y es precisamente en este género donde debutó como novelista en 1985, con la publicación del libro que nos ocupa.


Lo primero que llama la atención de La Canción de Kali es la madurez de Simmons como narrador. Cierto es que ya contaba 37 años cuando lo escribió y que, a esas alturas, era ya un experimentado autor de relatos cortos. Teniendo esto presente, me sigue resultando destacable lo bien escrito y estructurado que está el libro, bastante por encima de la media habitual en estos casos. Sin duda, su punto fuerte es la ambientación y la creación de atmósferas: la Calcuta descrita en esta novela es un auténtico infierno en la tierra. Simmons presenta un escenario hostil y pesadillesco, ilustrado con profusión y sin ahorrarse todo tipo de detalles escabrosos como la mención de cadáveres amontonados en el patio trasero de los hospitales o incluso gente defecando en plena calle. Si bien no es más que un artificio literario (esa gran urbe corrupta y amoral que actúa como foco del mal bien podría ser Londres, Nueva York… o Madrid) su brutalidad y aparente sinceridad llegan hasta el punto de provocar una sensación realmente incómoda en el lector, casi bordeando los límites del racismo. No me extrañaría que a Simmons lo declararan persona non grata en India. Y no exagero.


Es en este marco asfixiante donde Simmons, con asombrosa habilidad, va introduciendo poco a poco los elementos sobrenaturales. Su protagonista, un anodino escritor, se ve paulatinamente envuelto en una trama que lo supera a todas luces, un misterio que adopta la forma de complot por momentos apasionante.  La novela arranca con pulso firme hasta pisar a fondo el acelerador en el que quizá sea el mejor segmento de todo el libro: una historia dentro de la historia en forma de relato oral, donde un estudiante hindú le cuenta al protagonista sus experiencias robando cadáveres como rito de iniciación en la secreta comunidad clandestina de los kappa, adoradores de la terrible Diosa Kali. Este capítulo está narrado con tanto virtuosismo y un ritmo tan endiablado que supone, en sí mismo, una pequeña obra maestra de lo macabro. Es tan bueno que, en cierto modo, el resto del libro nunca llega a estar a su misma altura más allá de algunos momentos aislados (pero eso sí, muy poderosos).


Y es que algo falla. La trama es muy ambiciosa, pero Simmons en ocasiones titubea y no parece tener claro a dónde quiere llegar. La conspiración tejida en torno a Kali, la secta de los kappa y el poeta desaparecido que parece haber vuelto de la muerte, es tan enigmática como vacía en el fondo. Sus contradicciones y cabos sueltos contribuyen en un principio a acrecentar la sensación de misterio, pero al final uno tiene la impresión de ideas inexploradas. El ritmo flaquea, alternando momentos trepidantes en los que la historia avanza a toda velocidad con otros demasiado pausados y carentes de interés. Afortunadamente, el autor se muestra más hábil en el retrato de personajes: es fácil identificarse con el protagonista, los secundarios resultan apropiadamente siniestros y ambiguos y el villano (cuyo nombre no desvelaré) es sencillamente memorable en su complejidad y mezquindad, de los mejores con los que me he topado en muchas lecturas. La excepción sería la esposa del protagonista (de raza india, pero criada y educada en Inglaterra), el único personaje políticamente correcto de la historia.


Pero que nadie me malinterprete: estamos ante una excelente novela, con un planteamiento original, plagada de tensión y salpicada de momentos de puro horror que casi se lee sola. No obstante, las carencias o defectos que he apuntado le impiden ser la obra maestra rotunda que podría haber sido. Volviendo al inicio de mi reseña, La Canción de Kali no consigue ser en cuanto al género de terror lo que Hyperion sí es respecto a la ciencia-ficción. Aún así, no le faltan motivos para haberse convertido en una de las novelas clave del panorama del horror en los últimos 30 años. Baste mencionar al respecto el cruel y brutal desenlace (realmente traumático y que deja huella mucho tiempo después de finalizado el libro)  o la conclusión a la que llega el protagonista en las últimas páginas, que de manera involuntaria se ha convertido en una bonita metáfora de lo que le ha pasado al género en los últimos años: tras experimentar en primera persona el terror puro y duro, se dedica a escribir sobre unicornios y hadas consciente de que resulta mucho más inofensivo. Sobran los comentarios. ¡No se la pierdan!

Reseña de Francisco Gabaldón

miércoles, 23 de enero de 2013

FANTASMAS - Joe Hill


Primera edición en inglés en 2005.
Editado en castellano por Suma de Letras en 2008.
Traducción de Laura Vidal.
405 páginas. 

Ser el hijo del mismísimo Stephen King no es ninguna panacea. Y si no, que se lo pregunten a Joe Hill. Precisamente, los prejuicios y falsas expectativas son a priori el mayor lastre que arrastra Fantasmas, un (vaya por delante) más que notable debut literario en forma de recopilación de relatos. Y es que los fans más acérrimos de King seguramente se sientan decepcionados al ver en Hill un escritor mucho menos ambicioso, no tan centrado en el terror psicológico de raíces clásicas. Por otro lado, los detractores del llamado Rey del Terror difícilmente le darán una oportunidad a su hijo, pues temerán encontrarse ante un autor en la misma línea y heredero de similares imperfecciones estilísticas.
Lástima. Pues Fantasmas es una muy recomendable y variada compilación de cuentos, firmada por un escritor prometedor y que apunta maneras más allá de que aún tenga que pulir algunas herramientas del oficio. En este sentido, el mayor elogio que se le puede hacer a Joe Hill es no ser una burda fotocopia de Stephen King. De forma sorprendentemente grata, Hill ha sabido asimilar de su progenitor muchas de sus virtudes (planteamientos atractivos y originales, narración ágil, eficaz retrato de personajes) y ha evitado, al menos de momento, caer en sus más cacareados defectos (especialmente, su megalomanía y tendencia al exceso, que inflan de paja innecesaria muchas de sus novelas y narraciones).
Pero que nadie se engañe: Hill no es el “Príncipe del Terror”, ni pretende serlo. A pesar del título de la obra (el original, “Fantasmas del Siglo XX”, resulta algo más ambiguo) sólo 5 o 6 de los 15 relatos aquí recogidos pertenecen estrictamente al género terrorífico. El resto oscilan entre la fantasía, el suspense y hasta el drama costumbrista. Por tanto, salta a la vista que ésta es una recopilación improvisada como tal, una estrategia editorial destinada a reunir en un único volumen toda la narrativa corta de Joe Hill. Debido a ello, como antología Fantasmas carece de la unidad temática o de tono de, por ejemplo, las Narraciones Extraordinarias de Edgar Allan Poe, los Libros de Sangre de Clive Barker o incluso (aunque la comparación resulte odiosa) El Umbral de la Noche de Stephen King. Los citados ejemplos o bien se centraban en el terror y sus muchas variantes o bien tocaban más géneros, pero siempre desde una misma perspectiva y estilo unitario. Esta falta de cohesión interna provoca un considerable daño colateral a Fantasmas, pues el lector incauto puede sentirse desconcertado y hasta decepcionado ante tanto vaivén temático duro de reconciliar.


No obstante, en todos y cada uno de sus relatos Joe Hill se revela como un escritor ingenioso, de prosa cuidada y sumamente entretenido, por mucho que a veces no pueda evitar caer en la autocomplacencia y el guiño referencial o abuse en sus historias del recurso a finales poco conclusivos. Si bien es cierto que la ristra de prestigiosos premios que este libro atesora resulta un tanto exagerada (Premio Bram Stoker, Premio Británico de Fantasía, Premio Mundial de Fantasía, y un International Horror Guild) la aparición de Joe Hill en el árido panorama del terror literario contemporáneo resulta un soplo de aire fresco muy estimulante. No esperéis encontraros a un renovador ni a un revolucionario del género. Por mi parte, tengo muy claro que seguiré con atención su carrera en el futuro.
Sin más, paso a comentar brevemente cada uno de los relatos:
El Mejor Cuento de Terror: Excelente título para un relato que empieza con fuerza, mantiene un ritmo in crescendo y desemboca en un final inesperadamente abrupto, tan inapropiado que te deja con ganas de más. Sugerente y fallido, con estimulantes ecos del más puro “gótico americano”. Lo mejor: la historia dentro de la historia.
Un Fantasma del Siglo XX: Un competente cuento de amor y fantasmas ambientado en un viejo cine, repleto de sentimentalismo y cinefilia. Bueno, pero quizá excesivamente parecido a los similares (y mejores) “La Gente en la Pantalla” de Robert Bloch e “Hijo del Celuloide” de Clive Barker.
La Ley de la Gravedad: Una joya. La alegórica historia de un niño “hinchable” de apellido judío en su lucha contra el rechazo y la incomprensión por el mero hecho de ser diferente. Tierno, emotivo y decididamente genial, de lo mejorcito del volumen.
Oirás Cantar a la Langosta: Algo así como la versión teenager de “La Metamorfosis” de Kafka en plan serie Z casposa. Divertido y muy bien escrito, aunque en el fondo no deja de ser una gran broma.
Hijos de Abraham: Llamativa vuelta de tuerca al personaje de Van Helsing en esta secuela de “Drácula” donde se explora con relativo acierto la siempre tensa relación entre padres e hijos. El problema es que se parece demasiado a la excelente película “Escalofrío” (Bill Paxton, 2001), como muy bien se nos adelanta en el prólogo.
Mejor que en Casa: Un relato inesperadamente intimista y emocional, con un personaje central de psicología admirablemente definida. Debido a ello, desentona en exceso con el resto de la compilación y sólo despierta la irritación del lector.
El Teléfono Negro: Un eficaz cuento de terror, con una prosa muy pulida, atmósfera inquietante y un final bien resuelto. Deja buen sabor de boca.
Carrera Final: Éste relato está mejor escrito que el anterior y cuenta con un personaje protagonista más atractivo. Lamentablemente, Hill vuelve a confundir un final brusco y perezoso con una conclusión abierta y sugerente. Decepcionante.
La Capa: Otra de las joyas de la colección. Una puesta al día del mito de los superhéroes realista e ingeniosa, con un planteamiento original y un final sorpresa que no por predecible es menos efectivo. Memorable.
Último Aliento: Influencias de Ray Bradbury y el terror de corte más clásico en esta pequeña delicia que los entendidos en terror literario disfrutarán especialmente.  
Madera Muerta: Curioso experimento (el relato sólo abarca una página) donde se nos narra la posibilidad de que los árboles contengan espíritus. Tan breve que no pasa de lo meramente anecdótico.
El Desayuno de la Viuda: Estampa costumbrista y melodramática metida con calzador en esta compilación. Con todo, sus satisfactorios resultados quizá la conviertan en el mejor de todos los cuentos “no fantásticos” del volumen.
Bobby Conroy Regresa de Entre los Muertos: Relato de zombis sin zombis ambientado en el rodaje de (valga la redundancia) “Zombi” (George A. Romero 1979). Incluye cameos de Romero y hasta del mítico maquillador Tom Savini. Curioso y exasperante a partes iguales, no llega a ninguna parte ni acaba de funcionar.
La Máscara de mi Padre: Uno de los platos fuertes del libro. Este relato surrealista y siniestro recuerda a las ficciones de Kelly Link (para bien, por suerte) e incluso a los cuentos de Julio Cortázar, creando un ambiente malsano, desconcertante y morboso digno del mejor David Lynch. Soberbio, pero no es para todos los gustos.
Reclusión Voluntaria: El broche de oro. Este relato largo (60 páginas) es una prueba palpable del talento de Hill y de lo mucho que puede dar de sí en narraciones más extensas y complejas. Originalísimo, absorbente y redondo. Una obra maestra.
          La Máquina de Escribir de Sherezade: Simpático aunque evidente intento ad hoc de dar coherencia a todos los cuentos entre sí. Llega un poco tarde, pero se lee con agrado y sabe dar un buen toque final al conjunto.

Reseña de Francisco Gabaldón