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lunes, 20 de enero de 2014

EL HOSPITAL DE LA TRANSFIGURACIÓN - Stanislaw Lem


Edición original en polaco en 1955.
Publicado en castellano por Impedimenta en 2008.
Traducción de Joanna Bardzinska
330 páginas.

 Sinopsis.

Los nazis acaban de invadir Polonia y el joven médico Stefan Trzyniecki entra a formar parte de la plantilla de un sanatorio para enfermos mentales. Poco a poco la situación que afronta el país comenzará a sentirse dentro de los muros de la institución.

Comentario del libro.

Tras leer esta novela me he puesto a cavilar que hubiera sido de la carrera literaria de Lem si no se hubiera centrado en la ciencia ficción. Evidentemente, el hecho que se dedicara al género no es algo que me disguste, ni mucho menos, como aficionado me alegro inmensamente de que una mente portentosa como la suya haya parido libros imprescindibles como Solaris o La voz de su amo, por citar solo dos. Sin embargo, es interesante preguntarse qué libros de carácter realista hubiera escrito con toda esa agudeza, esa impresionante capacidad de especulación, ese gusto por ahondar en los problemas filosóficos que tan magistralmente aplicó en la ciencia ficción. No obstante, pese a escribir sobre naves espaciales, mundos extraterrestres, robots y toda la parafernalia que queramos del género, opino que en realidad nunca dejó de escribir sobre esa parte de la existencia real, a veces olvidada o quizás oculta por los mecanismos de lo cotidiano, donde lo prosaico y lo doméstico pierden pie, como pueden ser el ansia de absoluto o el de la incapacidad humana frente a lo desconocido, o quizás, como ocurre en esta novela, allí donde la ética más básica es substituida por el abismo nihilista. Así pues, con todas sus licencias, el género le sirvió como un vehículo metafórico perfecto para estas preocupaciones filosóficas y quizás es por ello que su ciencia ficción tiene en el fondo tan poco de científico, porque sus personajes siempre suelen enfrentarse a situaciones donde la tecnología y el razonamiento científico tienen poco que aportar, quedándose siempre a expensas de la intuición, la especulación o el mero azar.

El hospital de la transfiguración fue precisamente la causa de que Lem se alejara de la novela realista para caer en los brazos de la ciencia ficción. A causa de la fulminante censura que cayó sobre el libro, considerado decadente y contrarrevolucionario, el autor fue expulsado de la Asociación de Literatos de Polonia (curiosamente treinta años después también sería expulsado de la Asociación Americana de Escritores de Ciencia-Ficción, también por ejercer la libertad de expresión al criticar el estado tan mercantilizado del genero en ese momento). Tras mil avatares la novela fue publicada, pero ocho años después de su terminación. Mientras, Lem se encontró en una situación desesperada, sin la carrera de medicina concluida, sin ser reconocido por el régimen comunista como un escritor decente, decide aceptar la invitación de la editorial Czytelnik para escribir libros de ciencia ficción, con ello encontraba al menos una forma de ganarse la vida. Por cierto, hay que señalar que existen dos libros más que continúan la historia narrada en El hospital de la transfiguración, al parecer reconduciendo la trama hacia la linea oficial del “partido”, pero ambos fueron repudiados por el autor (nunca han sido reeditados) al considerar que los escribió coaccionado.

Leyendo la contraportada que le ha puesto la Editorial Impedimenta, uno puede pensar que está ante una novela muy dinámica, algo así como una especie de thriller bélico, pero nada más lejos de la realidad. Ya desde la primerísima página el carácter de Stefan Trzyniecki, su protagonista, nos avisa de por dónde va la cosa: extravío, melancolía, confusión, indecisión, son sentimientos que de alguna manera envuelven al resto de personajes y la propia historia que vamos a leer. Hay como un cierto halo onírico o enrarecido en todo lo que le ocurre a Trzyniecki, el cual pienso que puede calificarse adecuadamente como kafkiano. Algo que es amplificado por el propio contexto en que transcurre la novela: una Polonia recién invadida por los nazis donde se suceden los rumores de desapariciones, de campos de concentración, de poblaciones enteras eliminadas: la nación polaca se enfrenta la evaporación de su existencia como tal. Stefan Trzyniecki, filósofo de corazón, pero médico de profesión, entra (por puro azar, pues no está especializado en psiquiatría) como empleado en un sanatorio mental situado a las afueras de la pequeña ciudad de donde procede su familia. Como una especie de isla en mitad de un mar caótico, la vida en el manicomio se rige por unas reglas precisas. A duras penas, pacientes y sanadores consiguen cumplir con su rol mientras el orden de las cosas se va diluyendo a su alrededor.


La historia es vista a través de Trzyniecki, pero este resulta casi un mero espectador de hechos con los que mantiene una relación más bien indirecta, por no decir totalmente inconexa (aunque también es verdad que eso va cambiando a medida que transcurre la trama, puesto que a lo largo de ella asistimos a una sutil evolución en su sensibilidad). La escena inicial del libro, con el joven médico asistiendo al funeral de un familiar, es un buen ejemplo. Con una actitud tan cáustica como acongojada respecto a la presencia de tíos, primos, abuelos, Lem aprovecha la ocasión para desplegar un despiadado sentido del humor a través de los ojos de su personaje. Su descripción de la pequeña burguesía rural previa al régimen comunista es realmente divertida, examinando desde la abuela ultra católica hasta el tío librepensador y fanático de la literatura francesa.

Ciertamente, Trzyniecki evoluciona a través de la novela, muy especialmente en lo que respecta a su visión de los enfermos del sanatorio. Desde el auténtico pavor por el estado de los catatónicos o la turbación ante la abierta obscenidad de algunas de las mujeres recluidas, su actitud va transformándose hasta llegar, por ejemplo, a la admiración por el talento escultórico o la capacidad matemática que encuentra entre algunos de los pacientes autistas o la sutil y quebradiza belleza de una muchacha maniaco-compulsiva que siempre se está mirando en los espejos. Pero, sin duda, lo que realmente marca el devenir del personaje es su relación con Sekulowski, un eminente poeta que está recuperándose de la adicción a las drogas y otros abusos. Entre el protagonista y el poeta se establece una relación intelectual que se traduce en tortuosas conversaciones. Lem aprovecha así para poner en boca de Sekulowski (pues más que conversaciones se trata de monólogos) largas peroratas sobre la literatura, la filosofía, la religión, la política y mil cosas más que, entre otras cosas, desvelan el carácter soberbio del personaje, el cual se cree un genio. En el fondo, todos estos párrafos sirven a Lem para lanzar verdaderas arremetidas contra la crítica literaria de su época, la casta de los escritores, algunos hechos de la historia de Polonia, etc., etc.

En fin, son muchas más las cosas que podrían reseñarse de esta novela, como la descripción de los colegas de Trzyniecki: desde el afamado y digno decano que se aloja en el sanatorio tras haber sido expulsado por los nazis de su cátedra en Varsovia, pasando por el psiquiatra empeñado en demostrar una teoría absurda (pero francamente ingeniosa) que él ha llamado “nostalgia por la locura”, hasta llegar a la bella pero fría Nosilewska. También podríamos hablar sobre la escena de la estación eléctrica, magnifica en su tensión y misterio. Pero sin duda, lo que da un sentido dramático y moral a esta novela es su último y terrible capítulo, del cual tampoco hablaré demasiado por no chafar una tensión que opino es crucial para apreciar del todo el valor de este libro. 

Así pues, solo queda por decir que recomiendo sin reservas El hospital de la transfiguración, no solo a los seguidores de Lem, sino a cualquiera con ganas de buena literatura.

Y para acabar quisiera señalar una anécdota respecto a Impedimenta. Mi ejemplar de este libro estaba defectuoso (le faltaban algo así como 20 páginas en la mitad), aunque no lo supe hasta meses después de haberlo comprado. Ante la imposibilidad de descambiarlo en la librería por falta del ticket me puse en contacto con la editorial y en pocos días me envió sin coste alguno un nuevo ejemplar. Así que aprovecho esta reseña para agradecer a Impedimenta su rápida atención y de paso felicitarla por las magníficas ediciones que hace. En la repisa de un servidor se acumulan otras lecturas relacionadas con esta editorial, sin duda irán cayendo poco a poco. 

Reseña de Antonio Ramírez

miércoles, 15 de mayo de 2013

PROVOCACIÓN - Stanislaw Lem

Si hay algo difícil de encontrar en los libros de Stanislaw Lem es complacencia, ni para sí mismo ni para el lector. Donde otros autores hacen triunfar a sus héroes mediante la razón, o en su defecto el amor o la valía ética, Lem siempre antepone el error y la confusión, las decisiones desastrosas, la falta absoluta de lucidez racional y moral ante unos enigmas que se muestran insuperables. Por eso sus tramas, pese a estar muchas veces repletas de sentido del humor, no suelen ser precisamente alegres y ni mucho menos optimistas, más bien transmiten una cierta sensación de pesadumbre, algo así como la añoranza de un sentido que se ha perdido o que nunca se ha llegado a tener.

El libro que reseñamos aquí es un ejemplo paradigmático del pesimismo de Lem, pero a diferencia de obras como Fiasco o La voz de su amo, no se trata de una obra de ficción, al menos en el sentido ordinario, pues pertenece a la llamada Biblioteca del Siglo XXI: un conjunto de obras donde el autor recurre a trucos literarios tales como reseñas o prólogos de libros imaginarios para explorar diversas ideas imaginativas o de carácter científico y filosófico. En el caso de Provocación, Lem simula reseñar sendas obras: El genocidio, de Horst Aspernicus y Un minuto humano de J. Johnson y S. Johnson. En apariencia son libros no relacionados entre sí, pero es inevitable que el lector termine por vincularlos de alguna manera (hasta que punto esto estaba previsto por Lem no lo sabemos). 

Al parecer, cuando este libro se publicó a mediados de los años 80, algunos críticos creyeron en su autenticidad, es decir, asumieron que Lem hablaba de autores y obras reales, no reparando en señales que dejó aquí y allá; por ejemplo, que la fecha de las reseñas de ambos libros sean anteriores a la propia publicación indicada. En todo caso se trata, efectivamente, de una situación que puede llevar a confusión. ¿Qué se reseña cuando se trata de un libro de reseñas de libros ficticios? ¿La labor del verdadero autor, en este caso Lem, o la labor del autor inventado? Como en el caso de algunos célebres escritos de Borges (comparación que Lem siempre declaró producirle mucha satisfacción), la obra alcanza una dimensión meta-literaria fascinante. Sin duda su escritura debió aportar al escritor polaco una libertad de movimiento sin igual, poder escribir sobre las ideas de “otro”, identificarse o discrepar con sus palabras a voluntad. Aunque el lector sabe en todo momento que se trata de un juego literario, es inevitable caer en él. Lem simula reseñar libros que en realidad no existen, nosotros simulamos leer esas reseñas como si fueran genuinas. Al margen de la calidad y del contenido de la obra, lo cierto es que resulta una experiencia muy interesante.

Como decíamos antes, este libro es un buen ejemplo del pesimismo de Lem, de hecho los conceptos que más se manejan en él son la muerte, la violencia, el sufrimiento, el absurdo y la sordidez de la condición humana. No siendo una ficción y tomando la forma del ensayo, el autor puede ir al grano, sin personajes, sin diálogos, sin requerimientos literarios que suavicen sus intenciones de presentar con crudeza unos hechos que de todas maneras serían muy difícil de maquillar.  

Provocación se abre con la crítica a El genocidio (Der Völkermord. 1980), un ensayo dividido en dos capítulos que versa sobre el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Lem nos habla de la postura de Aspernicus respecto a las causas que condujeron al aparato nazi a perpetrar lo se vino a llamar el Endlösung (la Solución Final) y que se tradujo en más de seis millones de asesinatos entre judíos y otros colectivos de "indeseables" a ojos del Tercer Reich. Aspernicus señala que sin lugar a dudas no estuvo motivado por la búsqueda de un beneficio económico o estratégico, ya que supuso enormes gastos en infraestructuras y personal e impulsó el exilio de muchos científicos que después fueron clave en el desarrollo armamentístico de sus enemigos (por ejemplo en el desarrollo de la bomba atómica). Los líderes nazis falsearon y ocultaron sus verdaderas razones, ya sea de cara a la sociedad alemana o en cuanto a sus propios militantes (tendentes a seguir a pie juntillas el punto de vista de sus jefes), para llevar a cabo la enorme matanza, rodeando su discurso de oscuras referencias mitológicas, sociológicas e incluso biológicas (apelando por ejemplo a las leyes evolutivas darwinistas, algo que el autor refuta en pocas palabras).

Ante la impostura nazi respecto a un hecho tan grave y trascendente en la historia de Europa y del mundo, el autor maneja varias teorías que si bien no son excesivamente originales (sería muy difícil para un tema que ha sido revisado y descrito de todas las maneras posibles por multitud de analistas, novelistas, cineastas, etc), son expuestas con garra y agilidad, enlazando una serie de ideas audaces hasta llegar a algunas conclusiones que dan que pensar. Partiendo de una dura crítica a los negacionistas, evidentes en su complicidad al querer convertir en mentira un crimen mayúsculo, o aquellos intelectuales que quisieron aparentar no haberse enterado de que iba la cosa, como por ejemplo el filósofo Heidegger, Aspernicus hace un análisis somero pero contundente en torno a nociones como el mal, la muerte en nuestra cultura o la guerra. Paulatinamente va desarmando las diferentes interpretaciones que se han hecho de este acontecimiento. Teniendo en cuenta la base ideológica sobre la que se armó el Tercer Reich, Aspernicus toma en consideración el sadismo implícito en el modus operandi de los nazis y se pregunta del porqué de esta crueldad institucionalizada y sin parangón en otros regímenes fascistas (ya de por si extremadamente cruentos) de la época. El autor procura hacer hincapié en desmitificar a los dirigentes nazis, a veces sobrevalorados por los analistas, tildándolos de palurdos, arribistas y nuevos ricos, señalando hasta que punto estas cualidades condicionaron su ulterior conducta. 




Los nazis necesitaban construir todo un simulacro para justificar una masacre sin sentido alguno, para ello desarrollaron el concepto del kitsch hasta unos extremos nunca antes vistos. Imitando la grandeza de Roma u otros imperios, pero ignorando las razones que los tiranos de la antiguedad esgrimían para su sed de dominación (intereses económicos o religiosos) o de exterminio de ciertos sectores de la población enemiga (estrategia militar y política). Según Aspernicus, para poder justificar lo injustificable, los nazis no pudieron sino asumir el modelo superior de la tiranía en la cultura occidental: Dios. "Bañados en tripas humanas hasta las rodillas, chapoteando en el matadero ¿como y aquien iban a imitar para no perder de vista sus aspiraciones? El camino más asequible para ellos, el del kitsch, los llevó muy lejos, hasta el mismo Dios...El severo Dios Padre, por supuesto, no ese llorica, Jesucristo" [1]. En el fondo era una manera de intentar trascender cualquier subordinación a lo divino tomando su lugar. Así, eliminando a los judios, el "pueblo elegido" designado por el propio Jehová según las escrituras, pretendían abrir una nueva era en la historia de la humanidad con el pueblo ario como libertador absoluto. Sin embargo representar el Juicio Final de forma convincente no era algo precisamente fácil. Una vez derrotada Alemania todo el simulacro se viene abajo, desvelándose sus motivaciones como meras cortinas de humo sin sentido, absurdas en su crueldad y salvajismo. Es un hecho que ningún lider nazi llegó a proclamar jamás un discurso coherente para explicar su conducta o para defenderse convincentemente, porque está claro que no había modo posible. La única salida era esconderse tras nebulosas excusas o la simple negación, hasta el punto de que los actuales neonazis tienden a denunciar el holocausto como un mero artificio sionista. "¿Cómo explicar esta perfecta ausencia de confesiones -ni siquiera bajo pseudónimo- que finalmente tuvo que ser sustituida por los apócrifos literarios, salvo con la indiferencia del actor ante un papel que ha olvidado hace mucho tiempo?" [2].

Tras desmontar las justificaciones del nazismo para llevar a cabo su terrible crimen (al margen queda el crucial análisis de la parte de culpa que tuvieron en todo este asunto los poderes económicos alemanes o de otros países), Aspernicus se dispone a vincular el espíritu del nazismo con el terrorismo moderno, con argumentos que seguramente fueron polémicos en una época (Provocación fue publicado en 1984) en que los movimientos radicales de izquierdas defendían con mucha pasión la violencia armada como herramienta política. 

La reseña del libro termina con una llamada de atención: el nazismo abrió una brecha en nuestra civilización. En un mundo (al menos en occidente) que ha terminado por arrinconar y reducir la muerte a un fenómeno exterior de lo cotidiano y la cultura oficial, hecho que se experimenta intimamente o bien colectivamente por medio de representaciones anestésicas y faltas del pathos que tradicionalmente se le reservaba como destino inapelable, el nazismo supo administrar la muerte mediante la mentira, convertiendo el mal absoluto en el supuesto camino para un gran bien. De nosotros depende cerrar esa brecha, o seguir permitiendo que las guerras, masacres y crímenes que asolan nuestra historia actual, ecos de un proceso que se abrió en el siglo XX con las matanzas de los kurdos por parte del ejército turco, las diversas masacres colonialistas en varios continentes, el Holocausto judio, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, las guerras de Vietnam, los regímenes fascistas en América Latina, el conflicto en Oriente Medio, las sucesivas guerras del Golfo... siga ocurriendo en total impunidad y en nombre de razones tan nebulosas como las esgrimidas por los cabecillas nazis.

La segunda parte de Provocación, la más breve en comparación, versa sobre Un minuto humano, un libro que se propone representar "lo que todo el mundo esta haciendo simultáneamente durante un minuto" [3]. Tal idea nos remite obligatoriamente al Aleph de Borges, ese punto ideado por el escritor argentino que contendría todos los puntos del universo. Pero en el caso de la propuesta de Lem, mucho más humilde pero igualmente fantástica, se trataría de un libro que mediante gran cantidad de estadísticas expresara todas las experiencias humanas durante sesenta segundos.

Lem comienza con una explicación (francamente divertida y llena de corrosivo sarcasmo) donde sin pelos en la lengua arremete contra el mundo editorial (por cierto, aprovecha para meterse con el mundillo de la ciencia-ficción), la televisión, la publicidad o los mass-media en general. Según él, la ambición de los autores (J. Johnson y S. Johnson) es aprovechar el éxito popular de los libros de records Guinness, pero de una manera respetable para un público serio e intelectual. En suma, Un minuto humano es un ensayo lleno de cifras en apariencia absurdas, pero que en esencia pretende describir la condición humana durante un lapso de tiempo determinado.

En una serie de apartados que por métodos estadísticos pueden interrelacionarse, los autores van desgranando una exhaustiva descripción de todas las experiencias que el ser humano es capaz de vivir en todos los ámbitos posibles de su cotidianidad y variedad cultural. Pero tratándose de Lem todo se centra en aspectos bastante truculentos, porque según él los propios autores (que no olvidemos son el propio Lem) han tendido a ello. Hay en los apartados de la obra un desequilibrio entre la belleza y fealdad de la existencia humana. Por ello el apartado dedicado a las estadísticas de mortandad es amplia: sus causas naturales (señalando la infinidad de muertes por enfermedad o en consecuencia de los elementos atmosféricos: rayos, huracanes, tifones, etc) o por accidentes de todo tipo, por suicidio (con un repaso de todas sus variantes conocidas), por homicidio (premeditado o por negligencia), por torturas, por atentado terrorista, a causa de la guerra, del hambre, etc. También son amplios los diagramas que se ocupan de la criminalidad en todos sus formas, las infinitas maneras de ejercer la violencia, el robo, el fraude, el chantaje, la opresión, la manipulación, la humillación al prójimo... en suma, la maldad humana en todo su esplendor. "El libro solo puede deprimir a los que todavía se hacen ilusiones sobre la naturaleza humana"[4].

Sin embargo esta representación cifrada no se centra solo en los hechos y actividades, sino también en la propia carnalidad de la vida humana: cuantos litros de sangre recorren nuestras venas, cuanta comida tragamos, cuantos litros de semen, orina, mucosidad, menstruación o cuanta execrencia de nuestro cuerpo podamos concebir. Dándose así imágenes dantescas, como que la cantidad de semen que la humanidad eyacula en un minuto puede medirse en 45.000 litros. También son cifras que llevan a la reflexión: si la cantidad de sangre que fluye por las venas de la humanidad en un minuto fuera vertida a los oceános no habría un cambio perceptible en su volumen.

Según Stanislaw Lem, la idea que motiva este libro puede llevarnos a unas conclusiones siniestras: es fácil pasar de la estadística a la probabilidad, estos datos no nos dicen simplemente lo que está ocurriendo, sino lo que es probable que pase minuto tras minuto, con variaciones mínimas, con una certidumbre que nos hace pensar en un mecanismo matemático y determinista sin alteración posible. En un momento excepcional de optimismo, Lem arremete contra los autores del libro recordando la figura del Hombre del Subsuelo de Dostoievski, aquel que para escapar del racionalismo decide volverse loco, escapando de las garras de la objetividad y la ciencia a través de aquello que no es medible. Por ello Lem recuerda a J. Johnson y S. Johnson que sus estadísticas no contienen ningún apartado llamado "Dignidad humana", o que en ninguno de sus diagramas se habla de la existencia psíquica del ser humano, de su mundo interior, de su imaginación, de sus sueños. No obstante, Lem termina por admitir que la realidad material se acerca bastante a lo que el libro describe, que poco importa cada vida individual, las aspiraciones y motivaciones personales, cuando alguien o una institución es capaz de empaquetarlas en hechos objetivos medibles. El género humano, considerado como un solo ser, es una criatura atroz, capaz de contener dentro de sí hechos tan graves como los descritos en la primera parte de Provocación. "Nuestro mundo no está a medio camino del infierno y del cielo: parece estar mucho más cerca del primero" [5].

Notas:

[1] Pagina 66.
[2] Página 68.
[3] Página 111.
[4] Página 153.
[5] Página 155. 
 

Reseña de Antonio Ramírez

viernes, 18 de enero de 2013

RELATOS DEL PILOTO PIRX - Stanislaw Lem

Primera edición en polaco en 1968.
(La edición española parte en dos el contenido del volumen original. La segunda parte en castellano es Más relatos del piloto Pirx).
Editado en castellano por Alianza. 
Traducción de Laura Krauz. 
260 páginas.  

Sinopsis.

Estas historias publicadas originalmente entre 1959 y 1963 están todas protagonizadas por Pirx, un individuo que pretende ser un gran héroe de la era espacial, aunque no cuente para ello con cualidades especialmente brillantes. En estos relatos vemos como supera los diferentes problemas que va encontrando a lo largo de su carrera como piloto espacial, ya sea por un fortuito ingenio nacido de la necesidad, ya sea por el puro azar, Pirx sobrevive a las peores situaciones.

Comentario del libro.

La carrera literaria de Stanislaw Lem es bastante diversa tanto en su contenido como en su tono, aunque normalmente la crítica suele dividir su obra narrativa en dos categorías: serias o humorísticas. No obstante, estos relatos del piloto Pirx que hoy reseñamos aquí no pueden incluirse de forma definitiva en ninguna de esas dos categorías, ya que comparten características de ambas, habiendo relatos perfectamente serios, otros claramente humorísticos o incluso algunos que mezclan las dos actitudes. Lo que está claro es que estos relatos protagonizados por Pirx no pueden equiparse a los de Ijon Tichy, el personaje de obras como Diarios de las estrellas, Congreso de futurología o Paz en la tierra, donde el tono elegido por Lem no es tanto el humorístico como el grotesco, con muchos elementos fantásticos, delirantes y bufonescos que chirrían dentro de la típica ciencia-ficción y que llevan esas historias a la fábula moral o filosófica. 

En contraste, los Relatos del piloto Pirx pueden presentar situaciones humorísticas, pero siempre en el contexto realista y aparentemente científico tan propio de la ciencia-ficción dura. Así, los dos elementos básicos que nos encontramos en estos cuentos son: uno, la tecnología, aunque a eso le podemos sumar el medio en el que se aplica: el espacio exterior, la Luna, etc; dos, el ser humano infinitamente curioso, ambicioso y emprendedor, pero terriblemente vulnerable. El conflicto que surge entre ambos factores, la indiferencia del cosmos o de las máquinas frente a las limitadas capacidades del ser humano, son el hilo conductor de las aventuras de Pirx. 

Al parecer, Lem consideraba estos relatos como meros ejercicios de aprendizaje literario. Y la verdad es que en el conjunto de toda su obra, al fin y al cabo de una calidad tan excepcional, no podemos situar esta antología de relatos en los niveles más altos, pero eso no quiere decir que no tengan su valor. Si fueran de otro escritor con toda seguridad se verían de otra manera mucho más benévola, pero tratándose de Lem es inevitable echar en falta muchas de las cosas que sí encontramos en tantas obras suyas: la complejidad conceptual, el alcance filosófico, la especulación vertiginosa. Pero sin duda esta antología atesora muchas otras cualidades: giros argumentales impredecibles propios del mejor género detectivesco, bellas descripciones del espacio o de naves espaciales, golpes de fino humor, personajes interesantes, coherentes propuestas técnicas o científicas. 

En suma, pienso que son relatos muy entretenidos, concebidos y facturados muy sólidamente, imprescindibles para los seguidores de este autor y más que recomendables para los amantes de la ciencia ficción en general.
 
En breve acometeré la lectura de la segunda parte de esta colección de relatos, a ver que tal. 



Comentario de los relatos.

La prueba.

Sin lugar a dudas éste es el relato más descaradamente humorístico de la recopilación. En él encontramos a un Pirx que aún está en la academia y tiene que enfrentarse a su primera prueba de vuelo. Lem introduce al personaje presentándolo como un despistado irremediable, siempre con la cabeza en otro lado, pero aun así con el aplomo de los que se resignan a ser así y saben que los demás le sobrepasarán por mucho que quieran. El autor demuestra un talento avasallador para ironizar sobre el ambiente estudiantil, las novatadas, los profesores. Los diálogos y las ocurrencias graciosas se suceden sin parar. Por ejemplo, en un momento de desesperación de Pirx podemos leer: "¡Me ahorcaré!, pensó. No se le ocurrió que, debido a la ausencia de gravedad, ni siquiera aquella solución era posible."

La patrulla.

Pirx ya es un piloto con experiencia, ni de los mejores ni de los peores, pero con el suficiente oficio como para cumplir sus obligaciones con eficiencia. En la base de operaciones reina la incertidumbre, varios pilotos han sufrido accidentes mortales que son inexplicables. El piloto Pirx se encuentra de pronto con la oportunidad de encontrar la solución o perecer en el intento. Este es un relato que combina lo serio y lo humorístico consiguiendo un justo equilibrio. Vemos cierta evolución en el personaje, necesaria para poder situarlo en situaciones cada vez más complejas.

La albatros. 
 
Un relato muy corto y en este caso sin la más mínima intención humorística, más bien lo contrario, el tono es muy dramático. Lem aprovecha este cuento una situación que parece ser una constante en su obra: un conjunto de individuos que forman un equipo, cada cual con sus especialidades, deben enfrentarse a una situación límite, un enigma o como ocurre en este relato una catástrofe. Es el caso de novelas como Edén, El invencible, Solaris o La voz de su amo. A los personajes no parecen unirles tanto la camaradería o los afectos personales como la eficiencia y la profesionalidad, algo que Lem suele atribuir a los científicos o técnicos de sus historias.

Terminus.

En este cuento nos encontramos con un Pirx ya maduro que toma a su cargo una nave espacial inmensa, destartalada y con un pasado trágico. Las descripciones de los interiores de la nave son largas y barrocas, logrando una estética sucia que se adelanta a películas como Alien, con naves espaciales parecidas a grandes fábricas, mugrientas y oxidadas. Sin llegar al terror, el tono de este cuento es bastante siniestro, con un robot omnipresente que es portador de un inquietante mensaje. El final es magnífico. Para mi gusto este relato es de lo mejores del volumen.

Reflejo condicionado.

Este relato es muy curioso, ya que está dividido en dos partes bien diferenciadas. Transcurre en la época en que Pirx es aún estudiante. Primero vemos como debe superar la prueba de privación sensorial, práctica usada realmente en la investigación psicológica hace unas décadas o método de tortura. Las descripciones que ofrece Lem sobre la experiencia son realmente interesantes. Después la historia continúa por otros derroteros, con Pirx en una base luna donde ha ocurrido un grave suceso. A partir de ese momento, además de contar con amplias descripciones lunares y de las instalaciones humanas, Lem plantea la historia casi como un relato de detectives, con un enigma que desentrañar, unas pistas engañosas y una solución sorpresiva.

Reseña de Antonio Ramírez